Breve reflexión sobre la enseñanza del Derecho

Cada seis meses, el Externado recibe en su facultad de Derecho a cientos de jóvenes de todos los rincones de Colombia, que luego de culminar su secundaria deciden convertirse en abogados. Si las cuentas no me fallan, la población que compone actualmente nuestras aulas -habiendo nacido entre los años 1.987 y 1.995 aproximadamente- ha crecido en un ambiente en el que el uso de computadores, el acceso a la internet, a las redes sociales y recientemente, su inmediata consulta a través de dispositivos móviles, ha estado presente en sus vidas como algo cotidiano.

Sin duda, la inmersión en la tecnología que experimenta la sociedad actual esta generando consecuencias hondas en la manera como las personas asumen sus relaciones afectivas y profesionales, pero valdría la pena preguntarse en qué forma podrían estar cambiando las relaciones en el aula de clases (para ejemplificar lo anterior, piénsese simplemente en los posibles cambios en la relación profesor – alumno o en la relación alumno – objeto de conocimiento).

En estas breves líneas solo quisiera poner en consideración que el objetivo tradicional de asistir a las aulas de clase tendría que revaluarse en virtud de la inmersión de los estudiantes en los avances tecnológicos de los últimos veinte años.

En los comienzos de la universidad de Bolonia el propósito de asistir a las aulas era conocer cuál era el derecho vigente y cuál su mejor manera de asirlo, pero en los tiempos que corren, esta meta la cumple mejor la más lenta de las conexiones a internet, que el profesor más informado de la facultad. Tampoco puede pretenderse que el objetivo actual de la formación del jurista sea la de ofrecerle la mejor forma de interpretar las fuentes del Derecho, porque la realidad del abogado muestra que no existe unanimidad en la interpretación del Derecho (y tampoco es deseable que así sea), como tampoco existe caso fácil en su labor diaria susceptible de ser simplificado a una sola forma de comprensión.

Habría que considerar entonces, que los propósitos docentes deberían centrarse ya no en informar cual es el derecho vigente ni en imponer su mejor interpretación, sino en incentivar en los estudiantes una postura critica que les permita digerir el cumulo de información al que están expuestos. Así también, la de crear el hábito de la argumentación para poder construir conocimiento en medio del caos informativo que prolifera en las páginas web.

Trazados esos dos objetivos, habrá que propiciar la discusión, antes que la memorización inconsulta de información, haciendo énfasis en el ejercicio de la argumentación y en el respeto por el otro. Ello supone, dejar de lado los exámenes memorísticos y sobre todo, cambiar el rol del profesor y del alumno, acortando las clases magistrales (que obran como un monologo teatral) y aumentar las clases dialogales en torno a casos concretos (análisis del caso) a fin de que puedan construir conocimiento.

Bienvenido entonces el manejo responsable de las tecnologías en el aula de clase, pero solo como herramientas para propiciar la argumentación y el análisis crítico de la información que nos provee, pues de persistir en el esquema actual, el conocimiento continuara paseando de “los libros del profesor a los apuntes de los alumnos, sin pasar antes por la cabeza de ninguno de ellos”.

Fredy Hernando Toscano López.

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