El nuevo año

El nuevo año

El año académico que comienza está llamado a tener trascendencia en la historia del Externado, como así de alguna manera lo viene anunciando el Rector en varias de sus intervenciones delante de varios profesores de la Facultad de Derecho.

Ciertamente, la rectoría se ha preocupado de hacer saber que en los próximos días atenderá el clamor generalizado de designar un Decano para esta Facultad, que permita un Gobierno eficaz y eficiente de nuestra escuela de derecho, sin duda la más importante de la nación. 

El anuncio que se ha deslizado sobre el anhelado nombramiento de un Decano, por supuesto que se recibe con beneplácito por la comunidad universitaria. Las voluminosas y complejas decisiones que hoy exige tan importante Facultad no pueden seguir siendo atendidas con la óptica de la vieja casona del Externado de la carrera 16. Los tiempos que corren demandan de un enfoque administrativo y científico mucho más ambicioso, despojado del manejo personalista o paternalista que ya fracasó.

Escoger un Decano entre las múltiples importantes opciones de juristas con las que cuenta la Universidad no es tarea fácil, pero, en todo caso, desde estas páginas abogamos porque quien sea ungido tenga aceptación general, credibilidad colectiva, solvencia profesional y académica, buen trato y entendimiento pacífico con los estudiantes y sus colegas profesores, y, además, que esté dispuesto a cumplir con su encargo con dedicación exclusiva sin alternarlo con su desempeño como abogado, árbitro o consultor, o sin utilizar el cargo para aproximarse a los gobiernos o ser designado en ampulosas comisiones oficiales, o proporcionarse protagonismo mediático desde el paraninfo de sus responsabilidades. Su perfil, que por tantos años se ha venido reclamando para la Facultad, no puede ser el de que sea una persona de absoluta confianza del Rector o de la cúpula de la Universidad.

Por supuesto que quien haya de desempeñarse en ese importante cargo, debe trabajar en armonía también con las directivas de la Universidad, pero su único capital no puede ser el excluyente artificio de que goza de la absoluta confianza de quien a dedo y de manera unilateral y omnímoda le dispense tan alta responsabilidad. Escoger a alguien solamente en función de ese requisito de estirpe totalitaria, en vez de solucionar los graves problemas que con el tiempo se han venido creando y que hoy siguen sin solución, muy seguramente contribuirá al clima de desasosiego e inconformidad que reina en el Externado.

El propósito de designar un Decano es no solo velar con responsabilidad por el futuro consolidado de la Facultad de Derecho, sino que la rectoría se desprenda sanamente de parte de su inmenso poder, para permitir que se haga realidad el pluralismo al que se debe históricamente este Externado. El mensaje de nombrar a tan alto servidor no puede revestir el carácter de una amenaza subliminal de que se escogerá a quien sea ojos y oídos de quien lo designe, sino el de que haya un auténtico intérprete de las necesidades que hoy enfrenta la Facultad. No se trata de entronizar o perpetuar una camarilla personalista sino de servirle al Externado con desinterés.

Aunque por fin habrá Decano, siguen pendientes todavía otros retos e inquietudes que durante el último año no han podido ser resueltas. La renovación del envejecido y deteriorado Consejo Directivo de la Universidad, no da más espera. Es la hora de permitirle a la comunidad universitaria el ejercicio de su legítimo derecho a elegir un Consejo renovado que represente solamente la Casa de Estudios. También se echa de menos la rendición de cuentas que no ha sido posible obtener por parte de la administración de la institución, al igual que permitir de una vez por todas y sin más dilaciones, que se realice una auditoría amplia que despeje definitivamente el horizonte de la Universidad.

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