Estudiantes y profesores al paredón

Estudiantes y profesores al paredón

Poco interés y el escalamiento de las faltas de ortografía ponen en jaque a los abogados externadistas.

Por: Daniel Felipe Mateus.
Estudiante de la Facultad de Derecho de la Universidad Externado de Colombia.
Daniel Mateus, estudiante de la Facultad de Derecho de la Universidad Externado de Colombia.

Hace poco leía con interés un artículo publicado por varios medios digitales de cómo las faltas ortográficas, una suerte de síndrome, había escalado hasta la universidad. Este es el fiel reflejo de lo que significa la educación superior, un afán por hacer sin entender, un afán por escribir sin caer en cuenta de las reglas más básicas. (Repita conmigo, la «m» va antes de «p» y «b»).

Este hecho, que causa sorpresa solo a unos pocos, se agrava cuando se generaliza y se refuerza por causa de los maestros. Del Externado se dicen varios mitos: uno, es un exterminio; dos, el título (sea cual sea) pesa mucho y; tres, si ve un texto mal escrito por parte de su abogado de confianza, no se pregunte de qué paquete sacó el título, de seguro estudió derecho en la Universidad Externado de Colombia.

Tal vez sea una exageración, pero en cuánto escritura se trata, somos el hazmerreír de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo. Este «síndrome» no es único. La asimetría en las formas de enseñanza (pedagogía) de los docentes universitarios, la falta de preparación de clases y el poco interés del alumno, colocan al cuerpo «externadista» en una penosa situación.

Hace algún tiempo el profesor Néstor Osuna, ponía sobre la mesa el debate de si era necesario o no, pasar bajo un modelo semestral la carrera de Derecho, yo creo que es necesario primero incluir una materia para la formación en géneros, escritura e investigación. Pese a que pregonan la excelencia educativa, no somos los mejores, estamos lejos de serlos, así insista en rector Henao en sus clases, que más que clase, parece pronunciarse frente a las cámaras. ¿Por qué no? Ha de saber que graban sus discursos, a los cuales, por cierto, se evidencia el síndrome expuesto.

Ha llegado la hora, de quienes optamos por recibir una educación de calidad, de  exigirla. Que no se nos olvide que el ejercicio de un derecho individual genera la exigencia de un deber colectivo.

A los docentes: que ni el miedo ni la orden de no «rajar» sea impedimento en su labor de enseñar. No más estudiantes mediocres que al finalizar su carrera profesional, no han podido redactar por su cuenta un ensayo. No más alumnos que al dirigirse a ustedes, les hablan como si fuesen compadres: «marica o huevón ¿Cómo va? ¿Me puede recomendar bibliografía?»

A los estudiantes: no más docentes de fachada, no más figuras públicas que se ufanan de conocer el tema como nadie y asisten al 10% de sus clases, el resto del tiempo viene un remplazo. Pareciese que hoy el cuerpo docente se encuentra en el extremo sobrevalorado, donde ni exige escribir (no cuenta un examen de opción múltiple) ni se esfuerza en corregirle.

Adenda: no existe la «v» de vaca ni la «b» de burro, se pronuncia el fonema /b/ y fonema [β] respectivamente.

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